CRÓNICAS DEL VIAJEROHISTORIA
Ravi nació diferente incluso para los estándares de Elbaph, desde sus primeros años alcanzó un tamaño superior al de otros Kyojin de su edad, mientras sus manos y pies mostraban gruesas garras donde deberían haber crecido uñas y varios colmillos afilados sobresalían entre sus dientes, características que para su familia parecían anunciar el nacimiento de un guerrero formidable o un fenómeno. Sin embargo, Ravi nunca demostró demasiado interés por convertirse en uno. Mientras otros jóvenes gigantes competían, entrenaban y buscaban cualquier oportunidad para demostrar su fuerza, él podía permanecer durante horas completamente absorto en algo tan sencillo como escuchar cuanto ocurría a su alrededor. El viento atravesando los árboles, las pisadas de un animal sobre la tierra, el rugido distante de alguna bestia o incluso el estruendo provocado por dos gigantes combatiendo podían captar su atención hasta hacerle olvidar todo lo demás. Escuchaba cada sonido una y otra vez, intentando reproducirlo hasta memorizarlo, como si detrás de cada ruido existiera algo que necesitaba comprender.
Con el tiempo comenzó a descubrir que los sonidos podían decir mucho más de lo que aparentaban. Un gruñido podía expresar miedo, hambre, amenaza o dolor dependiendo de la criatura que lo produjera, del mismo modo que una misma palabra podía cambiar por completo según quién la pronunciara. Ravi comenzó entonces a observar a los seres que encontraba con una curiosidad cada vez mayor, estudiando sus movimientos, escuchando sus voces y tratando de comprender qué hacía diferente a cada uno. Para él, toda criatura poseía un sonido propio y conocerlo era una forma de acercarse a entenderla, aquella manera de contemplar el mundo, sin embargo, terminó alejándolo de los suyos. Donde su familia esperaba encontrar orgullo guerrero y deseos de demostrar su fuerza, Ravi mostraba interés por los animales, el conocimiento y la música, convirtiéndose poco a poco en una vergüenza para quienes esperaban algo completamente distinto de él.
Finalmente fue repudiado por su familia y obligado a abandonar su hogar cuando todavía era demasiado joven para valerse por sí mismo. Sin nadie que cuidara de él, Ravi terminó sobreviviendo entre las tierras salvajes de Elbaph, compartiendo territorio con las enormes criaturas que habitaban la isla y aprendiendo de ellas todo aquello que necesitaba para mantenerse con vida, dormía donde encontraba refugio, conseguía alimento mediante la caza o la recolección y aprendía a reconocer peligros antes de que estos aparecieran frente a él. Los años viviendo entre bestias hicieron que sus instintos se desarrollaran de una manera mucho más salvaje de lo habitual; comenzó a confiar en sus sentidos antes que en el pensamiento, sus movimientos se volvieron más animales y, cuando debía luchar, las garras y colmillos con los que había nacido dejaron de ser simples peculiaridades para convertirse en herramientas naturales. Aun así, ni siquiera aquella vida consiguió despertar en él el deseo de buscar enfrentamientos. Ravi continuaba prefiriendo observar y escuchar, aprendiendo de cada criatura con la que compartía aquellas tierras, hasta que un día escuchó algo completamente diferente.
Un sonido grave y distante llegó desde el océano y llamó inmediatamente su atención. Ravi lo siguió hasta alcanzar la costa, donde contempló por primera vez una criatura tan descomunal que incluso alguien de su tamaño parecía diminuto frente a ella. Zunesha avanzaba lentamente sobre el mar y cada uno de sus movimientos producía sonidos que Ravi jamás había escuchado, no sabía qué era aquella criatura, de dónde venía ni hacia dónde se dirigía, pero ninguna de esas preguntas resultaba tan importante como la posibilidad de descubrirlo, de modo que, impulsado únicamente por su curiosidad, decidió acercarse y escalar sus enormes patas hasta descubrir que sobre su espalda existía todo un territorio desconocido para él.
Zou resultó ser diferente a cualquier lugar que Ravi hubiera imaginado, allí encontró a los minks y quedó fascinado casi inmediatamente por la enorme variedad que existía entre ellos. Felinos, cánidos, roedores, conejos y muchas otras variantes convivían en una misma sociedad, cada una con características físicas, comportamientos, voces y costumbres diferentes. Ravi quería conocerlas todas, para los habitantes de Zou, aquel enorme niño cubierto por las marcas de una vida salvaje, provisto de garras y colmillos y que había aparecido después de escalar a Zunesha era una presencia difícil de ignorar, pero seguía siendo un joven sin hogar y eventualmente fue aceptado entre ellos. Por primera vez desde que había sido expulsado de Elbaph encontró un lugar donde su curiosidad no era considerada una debilidad, y aquello le permitió dedicar buena parte de su infancia y adolescencia a estudiar todo cuanto encontraba.
Ravi comenzó a documentar las diferentes variantes de minks, observando sus características y aprendiendo sus costumbres mientras prestaba especial atención a sus maneras de comunicarse. Escuchaba palabras, fonemas, gruñidos, rugidos, chillidos y cualquier otra expresión que pudiera producirse a su alrededor, repitiéndolos tantas veces como fuera necesario hasta ser capaz de imitarlos. No pretendía limitarse a registrar cómo lucía cada criatura, sino comprender cómo se expresaba y qué sonidos formaban parte de su identidad. Con los años reunió una enorme cantidad de conocimientos sobre Zou y sus habitantes, pero aquello también despertó una inquietud cada vez mayor. Si sobre la espalda de una sola criatura podían existir tantas formas distintas de vida, entonces el mundo debía albergar innumerables pueblos y especies que todavía no conocía.
Cuando sintió que había aprendido cuanto podía de Zou, Ravi se presentó ante el líder de los minks para comunicarle que deseaba marcharse, no quería abandonar aquel lugar porque hubiera dejado de considerarlo su hogar, sino precisamente porque todo lo aprendido allí había despertado su deseo de descubrir qué existía más allá. Quería recorrer el mundo, conocer sus pueblos, estudiar sus culturas y documentar todas las razas que encontrara durante el camino, aprendiendo sus lenguas, fonemas, voces y sonidos hasta reunirlos en una obra que llevaba años formando en su cabeza: una canción capaz de describir todo aquello que vivía en el mar.
Con ayuda de los minks preparó suficientes suministros y construyó un barco adecuado para soportar su enorme tamaño, aunque participar en su construcción no significaba necesariamente que Ravi hubiera aprendido demasiado sobre carpintería y mucho menos sobre navegación. Partió de Zou convencido de que encontraría la manera de avanzar, pero su pésimo sentido de la orientación y sus escasos conocimientos marítimos convirtieron el viaje en una sucesión de problemas. Perdió rutas, navegó durante días en direcciones equivocadas, realizó reparaciones improvisadas y terminó atravesando lugares a los que jamás había pretendido dirigirse. De alguna manera que ni siquiera él habría podido explicar correctamente, su viaje lo llevó desde el Grand Line hasta los Blues y finalmente hacia el East Blue, donde una violenta tormenta puso a prueba por última vez la resistencia de su embarcación.
Ravi sobrevivió al temporal, pero terminó naufragando en una isla habitada por animales extraños. Para cualquier otro viajero aquello habría supuesto una desgracia; para él simplemente significaba que había encontrado nuevas criaturas que estudiar. Incapaz de continuar inmediatamente su viaje, comenzó a documentar la fauna del lugar, observando sus comportamientos, registrando sus características y memorizando cada sonido que conseguía escuchar. Su atención estaba tan concentrada en aquel nuevo descubrimiento que apenas se preocupaba por los barcos que ocasionalmente aparecían en el horizonte, hasta que uno de ellos se acercó lo suficiente a la costa para llamar su atención.
Fue allí donde conoció a Lux, un ser diminuto cuando se lo comparaba con los casi cuarenta metros que alcanzaba Ravi, pero cuya presencia terminó resultando mucho más interesante de lo que inicialmente había esperado. Lux descubrió rápidamente que aquel gigante no era simplemente una criatura salvaje perdida en una isla. Ravi documentaba cuanto encontraba, podía memorizar e imitar numerosos sonidos después de escucharlos y poseía una curiosidad casi inagotable por cualquier pueblo, cultura o especie desconocida. Sin embargo, bajo aquella personalidad tranquila y contemplativa también permanecía el Kyojin que había sobrevivido durante años entre las bestias de Elbaph. Ravi podía evitar una pelea siempre que fuera posible, pero cuando se veía obligado a combatir aquella calma desaparecía para dejar paso a una naturaleza mucho más agresiva e instintiva, donde sus garras, colmillos y enorme fuerza se combinaban con los hábitos salvajes adquiridos durante su exilio.
Lux vio en él tanto al historiador como a la bestia y, después de que ambos compartieran sus respectivos objetivos, comprendió que sus caminos podían avanzar juntos. Ravi quería recorrer los mares para descubrir todas las razas existentes, documentarlas y aprender sus sonidos hasta completar algún día aquella canción imposible que llevaba imaginando desde niño, mientras que viajar junto a Lux podía llevarlo precisamente hacia lugares que jamás habría alcanzado por sí mismo. La propuesta que recibió no exigía abandonar su búsqueda, sino continuarla mientras utilizaba aquella fuerza que nunca había deseado como propósito principal para proteger a quienes viajaran junto a él.
De aquella manera, el gigante que había sido rechazado por no convertirse en el guerrero que otros esperaban encontró finalmente un lugar donde ambas partes de su naturaleza podían coexistir. Podría seguir siendo el curioso que se detenía a escuchar una voz desconocida, el historiador que documentaba cada nueva especie y el músico que soñaba con reunir todos los sonidos del mundo, pero cuando llegara el momento de proteger a sus compañeros también podría liberar a la criatura salvaje que había aprendido a sobrevivir entre las bestias de Elbaph. Así comenzó el viaje de Ravi como mano derecha de Lux y protector del signo de Leo, llevando consigo una historia que todavía estaba lejos de terminar, porque mientras quedara en aquellos mares una criatura cuya voz jamás hubiera escuchado, siempre existiría un nuevo sonido que añadir a su canción.